Fundación Casa Ducal de Medinaceli

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Las Lágrimas de San Pedro

En el Hospital Tavera se conserva, como probable encargo del rector don Pedro Salazar de Mendoza (1549-1629), un lienzo de Las lágrimas de San Pedro (ca. 1605), iconografía lógica tanto por ser el santo patrón del comitente como por ser don Pedro canónigo penitenciario de la Catedral de Toledo, y haber sido considerada esta iconografía una de las más representativas del ejercicio masculino del sacramento de la penitencia, por su arrepentimiento y su contrición. San Pedro, con los ojos bañados en lágrimas a causa de su sentido de culpa tras negar a Cristo durante la Pasión, vuelve hacia lo alto suplicando el perdón divino, mientras entrecruza sus manos en un intensamente emotivo gesto de oración; la media figura del santo se recorta contra una peña con una hiedra, planta asociada tradicionalmente con la irritación y el llanto, un escenario que parece hacer referencia a los lugares naturales de los desiertos de los santos penitentes como San Jerónimo o Santa María Magdalena. En el fondo del cuadro aparece el sepulcro de Cristo después de la Resurrección, con el Ángel sentado sobre su cubierta y una figura de hombre [] -a veces intepretada como la de Cristo resurrecto pero más probablemente la del propio San Pedro tras visitar la tumba vacía (Lucas, XXIV; Juan, XX)- y en otras versiones quizá de mujer, que se aleja. En esta iconografía El Greco ha entrecruzado aparentemente dos pasajes evangélicos, el de la visita de Simón Pedro al Gólgota (que no aparece en el Evangelio de Marcos, XVI) y el del arrepentimiento de San Pedro que había tenido lugar antes de la Crucifixión (Mateo, XXVI; Marcos, XIV; Lucas, XXII), y que más tarde se precisaría al incluir en la escena el gallo que anunciaba con su canto el amanecer del Viernes Santos; las llaves [] que cuelgan de su muñeca izquierda permiten su clara identificación como San Pedro y fundamento de la Iglesia, confirmando el perdón que emanaba de la penitencia, pero nuevamente transgreden la secuencia cronológica de la narración evangélica.

Salazar de Mendoza conservó a su muerte en 1629 tres lienzos de San Pedro, “en lo alto de la casa”, en su “estudio” y en su “escritorio”, en sus apartamentos rectorales del hospital, aunque ninguno de ellos –como por otra parte ninguno de los de su amplia colección- se atribuya al candiota o en este caso se precise la tipología de su imagen; a pesar de ello, solo comparece este lienzo en el inventario de 1762 de los bienes del hospital.

Firmado este lienzo en la parte inferior izquierda, en caracteres cursivos griegos " `epoiei", fórmula griega similar a "faciebat" latino, se trata de una obra tardía en la carrera del pintor cretense; en este sentido, se halla próxima a las obras de iconografía y composición similar de la Catedral y el Museo del Greco de Toledo [], o a la del San Diego Museum of Art de San Diego (USA) [], mientras que se aleja, en cambio, de las versiones más tempranas de este tema, pintadas hacia 1585-1590, como la del Bowes Museum de Barnard Castle en Durham (Reino Unido) [].

El Greco hizo con esta composición una muy personal aportación a la iconografía de la Contrarreforma católica, que defendía la práctica regular de la penitencia como vehículo para alcanzar la el perdón de los pecados y en definitiva la salvación. El carácter serial de la obra del candiota, de la que se conoce un alto número de versiones, reduce las posibilidades de la hipótesis que ha querido vincular el tema con la penitencia y perdón de los sacerdotes pecadores, y hacerlo alusivo de la solicitud de perdón que había requerido el arzobispo de Toledo Bartolomé Carranza de Miranda, acusado y condenado en Roma por la Santa Inquisición de herejía. Aunque Salazar defendió como historiador y canónigo catedralicio el buen nombre de Carranza, y redactó su biografía en defensa suya y de la iglesia toledana, no parecen estos motivos contingentes suficientes para justificar esta iconografía de gran éxito.

Cualquier varón creyente podía identificarse con Pedro en sus deseos de perdón y no solo antes de desear una buena muerte y una resurrección que queda aludida en el fondo del lienzo; incluso en el hospital toledano, que se ocupaba tanto de la salud corporal como de la salvación espiritual, junto a cada moribundo había un sacerdote que hacía guardia rogándole el ejercicio de la penitencia y que se arrepintiera de sus pecados antes de expirar, para lograr así su salvación eterna.

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Fernando Marías